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Objetivo confuso
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Objetivo confuso

Lo que veo es que pagamos todos los demás porque el presidente López Miras y el gobierno murciano son incapaces de perseguir a aquellos que nos ponen en peligro a todos

La llegada del estado de alarma a nuestro país no ha dejado indiferente a nadie, aunque seamos sinceros… no es ninguna sorpresa. A lo largo de este verano comentaba con mis amigos cuál podría ser el motivo de la mala marcha de España en esta crisis mundial. Las opiniones eran, como poco, diversas, aunque para mí siempre van a ser fundamentalmente dos: por una parte el rápido relajamiento tras doblegar la curva, pero sobre todo, por el rápido abandono del estado de alarma y el control centralizado.

No podemos contar con hasta 17 sistemas sanitarios coexistentes durante una pandemia de este calibre, y ahí está la clave de este fracaso, al menos en mi opinión. Y no es que el gobierno central o las CCAA lo hayan hecho mal, sino que al no existir una estrategia única no hemos sido capaces de reaccionar con la suficiente velocidad, el caso más claro es el de Madrid.

El estado de alarma, en nuestro país nunca debería haber acabado, al menos en lo sanitario, lo cual no implica que no se liberalizasen las medidas. Ahora estamos en el momento crítico de la segunda ola, y, aunque las cifras de nuestro país parecen mejores que las de otros de nuestro entorno como Francia (que ya se plantea un confinamiento de al menos un mes), no debemos confiarnos, por lo que es positivo el estado de alarma, aunque no veo realmente la utilidad del toque de queda.

Hace escasos días leía que en la Región de Murcia son pillados, saltándose la cuarentena tras un test positivo o a la espera de uno, hasta 200 personas al día. No nos engañemos, el virus no viaja solo, si hay contagios es porque hay según quienes que se saltan las normas y lo pagamos todos. Pero lo peor de todo no es esta cifra, sino que cuando se les pillaba había “poco que hacer”, tal y como narra el jurista Pollos Calvo: «En España las conductas relacionadas con la propagación de enfermedades y epidemias no están tipificadas como delitos contra la salud pública. Las autoridades judiciales las reconducen a través de los delitos de lesiones cuando provocan daños». Por tanto, aquellos que ponen en juego todo el esfuerzo realizado y arriesgan la vida de los demás, e incluso llegan a propagar el virus, dado que este no viaja solo, ni siquiera
se enfrentan a una multa, ni perpetran una falta ni un delito por sus actos.

Lopez Miras nos decía hace unos días que “se habían acabado las advertencias”, a la par que decía que ya habían pagado demasiados justos por pecadores. Y mientras escribo este artículo veo como se decreta el confinamiento perimetral de la Región y del municipio… Pues no veo que se endurezca señor presidente, no lo veo. Lo que veo es que pagamos todos los demás porque usted y el gobierno murciano son incapaces de perseguir a aquellos que nos ponen en peligro a todos, se confunden de objetivo.

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