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La 'Odisea' de Nolan y el colapso de nuestro tiempo

La 'Odisea' de Nolan y el colapso de nuestro tiempo

No puedo evitar no ver paralelismo con nuestro presente. ¿Ha querido Nolan mostrar el colapso de nuestra sociedad a través del mito de la Odisea?

Por Carlos Cárdenas Blesa
lunes 27 de julio de 2026, 21:04h

(Aparecen algunos 'spoilers' a lo largo del texto)


La película que está siendo sensación estos días, 'La Odisea' de Christopher Nolan, continúa rompiendo récords en taquilla y multiplicando los análisis cinematográficos. La reflexión que tuve al salir del cine probablemente la hayan compartido de manera más analítica expertos en diversos medios, pero creo que no está de más exponer por qué pienso que el filme dice mucho más del presente de lo que parece, aunque se nos presente con el disfraz de una de las grandes epopeyas del pasado.

Como persona que trata de dedicarse a la Historia, no pienso que merezca mucho la pena enroscarse en debates sobre si las armaduras o los barcos (que no tengo ni idea) son o no fieles a la época, o sobre si es inclusión forzada que Helena fuese una mujer negra. Son clásicos debates superficiales de redes sociales, pero que tal vez no aporten mucho más que una discusión estéril sobre cómo se reinterpreta lo que ya desde el principio es un mito.

En mi opinión, lo interesante para un historiador no es ver cómo de cercana a la posible realidad del tiempo en que sucedió la Odisea es la caracterización de la película, sino tratar de entender por qué Nolan utiliza el mito para darle forma a lo que, al menos bajo mi percepción, es la explicación del colapso de una sociedad.

Esto lo estudié en la carrera, no daré datos precisos porque ni yo mismo me acuerdo sin consultar un manual, pero sirve como contextualización: 'la Ilíada' y 'la Odisea' son escritas por un tal Homero (uno o varios, quienes quiera que fuesen) a finales de la Época Oscura, previa a la Grecia clásica que conocemos: la de Pericles, Sócrates, Platón... Aquellos siglos oscuros marcan el lapso de tiempo entre el colapso de la civilización micénica y esta posterior época. Pues bien, estos poemas épicos narran de alguna manera una historia de aquellos siglos pasados, mitificada, sobre cómo aquellos griegos vencieron a la ciudad de Troya. Todo ello sucedió durante la Edad del Bronce, cuyas principales civilizaciones en el Mediterráneo Oriental acabaron por desmoronarse, con la excepción de Egipto, entre cuyos jeroglíficos se documenta parte de lo que sucedió. Al parecer, una serie de gentes —mencionadas en la película—, que la historiografía denominó “Pueblos del mar” pudieron tener que ver con el declive de esas sociedades.

Esta base, muy simplificada, nos sirve para el cometido de tratar de desgranar qué dice la película. Odiseo, rey de Ítaca, participa en la Guerra de Troya e idea la construcción del famoso caballo. Los griegos vencen a la ciudad y vuelven a sus tierras, emprendiendo Odiseo y su tripulación una larga travesía durante años. De entre sus hombres, solo él consigue volver a Ítaca, donde diversos pretendientes se disputaban el trono a través del matrimonio con su mujer Penélope mientras su hijo Telémaco trataba de encontrarlo para detener la conspiración.

A lo largo del metraje, Odiseo y sus hombres viven diversos actos en que interactúan con conocidos personajes del relato (la maga Circe, el cíclope Polifemo, las sirenas, la ninfa Calipso...), provocando algunas ofensas a los dioses, que los castigan, a pesar de que el destino ya estaba escrito y tan solo él se salvaría. Una vez en Ítaca, Odiseo se enfrenta a los pretendientes, los vence, y dejando a su hijo Telémaco como rey, emprende un viaje hacia el oeste con Penélope para honrar a sus soldados caídos.

Hay recursos narrativos que un historiador celoso podría tachar de incoherencia o imposibilidad, como el hecho de que Odiseo haga referencia a que su Edad del Bronce está colapsando, o que había unos pueblos del mar que tenían en vilo a las diversas ciudades-estado de Grecia. Cuando, hacia el final de la película, Odiseo está hablando con Penélope arrepentido por haber urdido el plan del caballo que desembocó en la guerra (que realmente fue una masacre) de los habitantes de Troya, se da cuenta de una terrible verdad: los pueblos del mar, los saqueadores, los que inquietaban a las gentes, son ellos mismos. Ellos, que habían destruido una ciudad de oriente (Troya, la de verdad, se encuentra en la península de Anatolia, en la actual Turquía), habían sido los causantes de la ruptura de la 'Ley de Zeus', que también se menciona recurrentemente en la película: tratar al extranjero en tu tierra como querrías que te tratasen a ti. Su masacre, pues, es la que había desestabilizado el propio mundo comercial que se había establecido en aquellos mares del Mediterráneo oriental; no había que buscar la causa en pueblos bárbaros externos, su propia actitud había desencadenado su final.

Lo que viene ya es especulación mía, a lo mejor una ida de olla, pero no puedo evitar no ver paralelismo con nuestro presente. ¿Ha querido Nolan mostrar el colapso de nuestra sociedad a través del mito de la Odisea? Ulises es ese occidental que representa la valentía y la astucia (la moderna técnica, la ciencia), que les permite vencer a Troya, pero cuyo coste de vidas humanas, entre sus hombres y los habitantes de la ciudad, no solo no compensa al final la hazaña, sino que es desencadenante del fin de las reglas dadas por ellos mismo para la estabilidad de su sociedad. Es difícil no ver en la ley de Zeus una aplicación más rudimentaria de los derechos humanos, y en su propia violación, lo que Occidente, al que se le llenaba la boca de respetarlos, hace hoy en el mundo. Ulises puede ser el soldado arrepentido, aquel que fue a Oriente Medio a defender los intereses del Imperio estadounidense, genocidios mediante, que no han hecho sino desembocar no solo en la pérdida de vidas humanas, sino también en romper los pactos que, al menos en teoría, regían las relaciones internacionales. El rey Ulises y sus hombres, ahora las élites políticas, económicas y militares, han roto la estabilidad de nuestro frágil mundo, aquel del final de la Edad del Bronce.

Lo que más esperanzador veo de la película es precisamente la reinterpretación del tiempo en modo grecorromano frente a nuestra concepción judeocristiana: si para nosotros hay principio (génesis) y final (apocalipsis) en la historia, para ellos, como deja entrever Ulises al final, el devenir temporal sucede de forma circular: su civilización acabaría y, en el futuro, aparecerían nuevas (la Grecia clásica) que irían olvidando los errores del pasado. Creo que ni siquiera hay advertencia en la película respecto a lo que nos puede pasar: Nolan parece simplemente aceptarlo a través de un Ulises que, al acabar la historia, no trata de solucionar nada, sino que, a modo de asceta, se entrega a su amor con Penélope y a la honra espiritual de los caídos.

Hoy se habla de que nos están invadiendo, de que están poniendo en jaque nuestro modo de vida 'occidental' (sea lo que sea que eso signifique). La responsabilidad por alterar las leyes del mundo, no obstante, nadie desea asumirla, y nosotros tampoco pedimos responsabilidades a nuestras élites por todo el horror que están cometiendo. En el fondo, tampoco somos tan diferentes de aquellos griegos micénicos de la película: continuamos pensando que la culpa es de otros. ¿Será algo simplemente humano? Eso, y la pérdida de confianza en la voluntad humana (que podamos cambiar un mundo que irremediablemente sentimos que se dirige al colapso), solo que lo que antes eran augurios y voluntad de los dioses ahora es geopolítica y las leyes del mercado. Atenea, la culpa de Ulises, es nuestra diosa razón viendo los destrozos causados y arrepintiéndose por cómo la hemos utilizado.

(P.D.: de los roles de las mujeres que aparecen en la película hablamos otro día, que a lo mejor ahí Nolan sí se ha pasado de frenada histórica... marginándolas, como hacía la historiografía hace dos siglos).

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