Tras las elecciones de Aragón de ayer algunos finos analistas destacan que al PP la jugada no le ha salido bien porque tendrán a un Vox más fuerte que necesitarán para gobernar. Que, si te metes en el marco de la extrema derecha —Vito Quiles incluido— lo que recibirás será más extrema derecha. No obstante, me parece bastante cínico que un análisis en clave progresista de lo que ocurrió ayer solo vaya dirigido a criticar la estrategia del PP, cuando lo que tenemos al otro lado es un descalabro muy bochornoso de las izquierdas. Bochornoso, vergonzoso e idiota.
A algunos por redes sociales les dio anoche por sumar votos de los partidos. Esta mañana, los principales periódicos publicaban, con casi el 100% escrutado, y una participación del 67% —que no se nos olvide, en torno a tres de cada diez aragoneses se quedó en casa—, lo que obtuvo cada uno. Vox quedó con 14 escaños, siete más de los que tenía, y unos 117.347 votos (un 17,88%). En la izquierda y el regionalismo, estos fueron los resultados: Chunta, 6 escaños, 63.875 votos, 9,73%; Aragón Existe, 2 escaños, 23.320 votos, 3,55%; IU-Sumar, 1 escaño, 19.290 votos, 2,94%; Podemos, 0 escaños, 6.206 votos, 0,63% —humillantemente superado por el SALF de Alvise—.
Nada nuevo en el horizonte, este es el drama ya secular de la izquierda: todos esos partidos juntos han obtenido 112.691 votos, apenas 5.000 menos que Vox. Se supone que en Aragón no se castiga tanto la desunión —o eso he leído—, pero en ciudades como Huesca, en las municipales, las izquierdas sumaban más que Vox y este entró con tres concejales, y aquellas no entraron, precisamente por ir sueltas.
A estas alturas de la recolecta de datos, la rabia me llevaba a un artículo de El País de hace unos días en que se explicaba por qué en Aragón las izquierdas no iban juntas. Es difícil leerlo sin que la pereza te duerma, o sin que la vergüenza te consuma. Declaraciones huecas, mesas que no llegaron a buen puerto, supuestas órdenes desde Madrid, pelea por los puestos, batiburrillos de siglas...
Algunos infelices, que todavía no se han enterado de qué va esto, saldrán hoy con la típica arrogancia a mandar mensajes de que la gente es tonta y que no sabe elegir, que votan en contra de sus intereses, etc. En el otro lado, otros iguales dirán que qué vergüenza que el PSOE no haya caído a las profundidades porque se lo merece. A estas alturas, parece que mucha gente se mueve más por identidad que por raciocinio político.
Y en esta lucha, ahí estarán las izquierdas-a-la-izquierda-del-PSOE, peleándose porque el programa de uno difiere un 0,1% del de otro, y eso hace imposible la coalición; porque a tal partido lo trataron mal, o porque aquel o aquella ha sido muy trepa. Y mientras, quienes miramos el espectáculo ya con más asco-pena que rabia, nos preguntamos que, si tal es el peligro de que la extrema derecha llegue al poder, cómo puede ser que cuestiones tan superficiales, personalistas y vacías condicionen elecciones. Una izquierda desnortada, sin un discurso que consiga llamar la atención, y menos movilizar. Una pena, porque ahí hay mucha gente que de verdad tiene mucho que ofrecer, ensombrecida por las luchas personalistas, la mayoría de las veces madrileñas —¡Qué divertido que encima nos creamos izquierda confederal/plurinacional! Que tuviese que ser Joan Tardá recogiendo un premio de memoria democrática en Murcia quien abogase por la unidad de las izquierdas en España... Veremos qué hace Rufián.