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El fracaso escolar afecta al 50% de niños con altas capacidades

Representan un 2% del total de alumnos. Son estudiantes precoces, talentosos o superdotados y, sin embargo, necesitan ayuda porque corren el riesgo de fracasar en la escuela

jueves 14 de marzo de 2019, 23:51h
El fracaso escolar afecta al 50% de niños con altas capacidades
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Primero, placer y orgullo. Luego, incertidumbre. A continuación, miedo. Más tarde, impotencia. Y finalmente, frustración. Ésas son las diferentes fases por las que atraviesa el estado de ánimo de los padres que reciben la noticia de que sus hijos son estudiantes especiales porque tienen unas altas capacidades.
Sobre este asunto habló la psicóloga Macarena Prieto, del Gabinete GLEP, a una veintena de padres que este miércoles acudió a la Escuela Infantil Gloria Fuertes. En este centro se impartió la charla 'Altas capacidades en la primera infancia', organizada por la FAPA de Alhama y subvencionada por el Ayuntamiento dentro del ciclo Escuela de Padres. Allí se congregaron padres de niños fuera de lo habitual. De hecho, estos pequeños sólo representan el 2% del total. Es decir, que por término medio hay dos estudiantes con altas capacidades en un grupo de cien niños.

Genética, matemáticas y Jesucristo
Esa proporción tan baja no hace fácil ser uno de los elegidos, aunque el azar tiene muy poco que ver a la hora de contar con esas capacidades innatas. En realidad se trata de unas facultades que tienen un importante componente genético. De hecho, una de las madres que acudió a la charla explicó que ella misma había tenido esas capacidades: aprendió matemáticas por sí misma y su padre, que era comerciante, la dejaba hacer las cuentas para asombro de sus clientes. Confesó que ya no recuerda nada de todo aquello, que ocurrió cuando tenía un par de años. Ahora sospecha que su hijo podría tener esas mismas capacidades.

Otra pareja explicó que su hijo de 3 años aprendió por sí solo a contar del 0 al 100, pero en inglés. El matrimonio sospecha que el pequeño conoce la diferencia entre números positivos y negativos. Explicaron que ya hacía sumas con un año y medio y, sin embargo, habló más tarde que otros niños de su edad.

El caso del niño de otros padres presentes en la charla era justo el contrario. Su hijo mayor empezó a hablar de manera precoz y con un vocabulario muy extenso. Aprendió por sí solo a leer y su nivel de razonamiento es muy alto para su edad. Sin embargo, a veces se pone el pantalón al revés y necesita ayuda para vestirse.

En cambio, otra madre explicó que cree que su niño aprendió a andar y a hablar muy pronto, pero no lo podía asegurar porque no sabía con quién comparar a su hijo. No obstante, señaló que al pequeño "le gustan cosas de adultos. Tiene gestos de persona mayor. Es como si no hubiera tenido infancia". Sin embargo, en determinadas situaciones "parece demasiado infantil".

Otra madre confesó que se siente "superada" por la "inteligencia emocional" de su hijo. En cambio, la madre de otra niña de 3 años explicó que no creía que su hija tuviera unas capacidades especiales, aunque muchas veces no sabe cómo rebatir los argumentos de su hija. "No sabemos qué decirle. Ahora insiste en aprender a tocar el piano", afirmó.

Otra madre explicó que su hijo empezó a hablar con 6 meses; con 9 meses mantenía conversaciones; y con un año quiso saber qué sucede cuando alguien se muere. Ahora, con 7 años y medio, se considera ateo porque ha llegado a la conclusión de que Dios no existe, lo que genera cierta perturbación entre sus compañeros que van a catequesis. En cambio, en su opinión, la figura de Jesucristo es indiscutible.

Ayuda y atención especial
Se podría pensar que para estos niños los estudios no son un problema. Sin embargo, se da la paradoja de que se enfrentan a un alto riesgo de fracaso escolar. De hecho, la mitad de estos alumnos no termina sus estudios con éxito si no cuenta con apoyo ya que necesitan actividades específicas para no caer en el aburrimiento, aislarse de la clase y quedarse descolgados del resto de sus compañeros.

No obstante, si se atienden bien sus necesidades, no debe existir ninguna dificultad, explicó la psicóloga Macarena Prieto. Aunque antes deben ser diagnosticadas sus altas capacidades, lo que no siempre ocurre. Y luego, es necesario que padres y profesores sepan cómo actuar con estos alumnos, lo que muchas veces no es fácil.

Mitos, prejuicios y realidades
El desconocimiento es fuente de mitos y prejuicios. Ocurre habitualmente y en el caso de los niños con altas capacidades no es diferente. Así, por ejemplo, se considera que son alumnos envidiables, cuando en realidad su facultades pueden provocar que se sientan excluidos. Tampoco sus cualidades son garantía de obtención de buenas notas ya que el ritmo más lento de aprendizaje de sus compañeros les puede llevar al aburrimiento y a dejar de prestar atención en clase.

Muchas veces a los niños diagnosticados como estudiantes con altas capacidades se les considera alumnos solitarios, con problemas de relación, fríos, calculadores... y un poco locos.

Sin embargo, no son más raros ni su comportamiento es más extraño que el de otros niños de su edad si dejamos a un lado su capacidad superior de aprendizaje.

¿Cómo son?
Tienen alguna cualidad especial durante la primera etapa de su vida, destacan en un área, en varias o sobresalen en todo. De ello depende que un niño sea diagnosticado como precoz, talentoso o superdotado.

Los primeros, los niños precoces, son los que van adelantados sobre sus compañeros hasta, aproximadamente, los seis años. Luego se igualan al resto y su capacidad de aprendizaje es similar a la media de la clase.

En cambio, un niño talentoso simple es el que destaca en un área de manera constante; y complejo el que lo hace en varias.

Finalmente, un estudiante superdotado sobresale en creatividad, capacidad intelectual y por su alta implicación en las tareas. Son niños que, por lo tanto, necesitan ayuda para poder desarrollar toda su potencialidad.

En resumen, algunos rasgos para identificar a los niños con altas capacidades serían su rápido y extenso desarrollo del lenguaje, su curiosidad, sensibilidad, perfeccionismo, alta capacidad de concentración, poder de razonamiento, consciencia de ser diferentes, alto nivel de actividad, aprendizaje rápido, memoria, inconformismo, independencia, imaginación, agudo sentido del humor... Y disincronía emocional e intelectual. Es decir, son niños con capacidades mentales, cuando menos, similares a las de una persona adulta.

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