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Daniel Ruano: “Una gestión 'de mierda' blindada por el silencio de equipo de Gobierno”

“Huele a suciedad, a dejadez y a un modelo de gestión que está convirtiendo las calles del municipio en un vertedero a cielo abierto”

sábado 27 de junio de 2026, 11:45h

Una gestión 'de mierda' blindada por el silencio y los nervios del equipo de Gobierno.

Hay verdades que no se pueden esconder, por mucho que se intenten barrer bajo la alfombra de la propaganda institucional, la verdad huele.

Huele a suciedad, a dejadez y a un modelo de gestión que está convirtiendo las calles del municipio en un vertedero a cielo abierto.

Las ratas, lamentablemente, no sólo campan a sus anchas entre los contenedores desbordados. Una vergüenza del equipo de gobierno formado por Rosa Sánchez, Antonio García y Sibina a la cabeza.

Es inadmisible que, con un contrato millonario para la recogida de basuras, la realidad sea la que muestran las imágenes: contenedores de residuos orgánicos que se quedan pequeños, incapaces de absorber la basura de los vecinos, lo que provoca que las bolsas se acumulen en las aceras.

La estampa es desoladora: aceras manchadas, restos de comida y la sensación de que la limpieza brilla por su ausencia. Y lo peor no es la suciedad visible, sino la que no se ve: la que se esconde detrás de un contrato que parece blindado contra cualquier exigencia de calidad.

¿A qué se destina el dinero de los alhameños si no es a garantizar un servicio tan básico como la limpieza de sus calles? La respuesta a la oposición y a los vecinos que se atreven a alzar la voz, es siempre la misma: el silencio, las largas y la excusa.

Es profundamente desalentador comprobar cómo el equipo de gobierno, lejos de asumir su responsabilidad, se enroca en una actitud defensiva y arrogante en los plenos municipales.

Frente a las preguntas y las demandas de la oposición, la respuesta suele ser el enfado y, lo que es más preocupante, la pérdida de control. Parecen incapaces de gestionar la presión, de dar la cara ante un problema que es evidente para cualquiera que pasee por las calles de Alhama.

La responsabilidad última es de quienes la contrataron, de quienes deben fiscalizar su trabajo y de quienes tienen el poder y la obligación de exigir que se cumpla lo estipulado.

El pueblo de Alhama se merece calles limpias, contenedores adecuados y una gestión transparente.

La paciencia de los alhameños se está agotando. Y no es para menos: nadie quiere vivir en un pueblo donde la mierda se ha convertido en la norma y donde los responsables políticos parecen estar más preocupados por salvar su sillón que por garantizar la calidad de vida de sus vecinos.

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