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Nos dejó Miguel, un hombre bueno

Con todo nuestro cariño para los 'Chachos' de los huertos y en especial para Miguel (texto de Pedro Casamayor Rivas. Asociación La Almajara de Alhama de Murcia)

Nos dejó Miguel, un hombre bueno
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Hace unos días nos dejó Miguel, un hombre bueno. Uno de los árboles más altos y arraigados de este bosque semisalvaje de lechugas, coles y orgullos incontrolables que son los huertos ecológicos de Alhama de Murcia.

Quizás el más silencioso de todos ellos, el que guardaba más rincones y nidos ocultos bajo una sonrisa siempre dispuesta. Y así lo recordaremos, llegando cada mañana en su coche a la misma encrucijada, para elegir la efímera y leal insurrección de una pandilla de amigos y el tacto agradable de la hierba.

Podríamos estar hablando toda una vida, cariñosamente, de esos amigos. Comparándolos con las variedades antiguas más perseguidas en la huerta. Como esas semillas mejor valoradas por la devoción de todo agricultor: fuertes en su capacidad de recuperación frente las corrientes de las estaciones, interesadas en aumentar la diversidad biológica de las tradiciones con final feliz y generosas en su sabiduría sin buscar la productividad, sino la custodia compartida de una herencia cultural que no debería desaparecer.

La misión más honesta que puede tener un hombre daba inicio: mono azul, zapatos de trabajo, un puro al borde de los labios y como empuñadura un manojo de historias en sus ojos, con olor a romero, dispuesto a compartirlas con todo hijo de vecino que viniese en son de paz. Eso sí, las frases justas y la generosidad del campesino, siempre inclinado a repartir los frutos que da la tierra entre sus semejantes. En estos tiempos de falsa autoayuda e intolerancias ¿se hace tan difícil aprender una lengua semejante a la suya?

Un caballón para organizar el silencio. Otro pegado al camino para los ajos tiernos y otros muchos en la memoria que, a fuerza de golpes de azada, piden de vez en cuando un descanso. Hasta que se acercaba la hora del almuerzo, en donde la ausencia de palabras convocaba al hambre en torno a una mesa de madera. Las manos limpias, una navaja, las rodillas con querencia al reumatismo y un buen “companage” para dar rienda suelta a una jornada nacida para celebrar el amor perecedero. Se trata de un juego tan sencillo. Del encanto de una flor de malva en medio del verde dominante.

Hasta dar fin a la partitura con el frio metido ya en los riñones a media mañana pero la barriga saciada de amistad y de soluciones para componer un mundo más cálido y justo. En retirada, “cada cansancio a su olivo”, pero en el maletero y en la capaza todos los ingredientes para hacer del día siguiente un colorido huerto, un hogar desconocido al que poder regresar.

A veces uno tiene la extraña certeza de querer estar justo donde quiere estar. Hablo de la sensación que te acoge, en donde uno deja de contar el caudal del tiempo, para formar parte de las conversaciones y travesuras de un grupo de hombres que te duplican en edad y canas, sentados bajo la sombra de unas palmeras. Son nuestros queridos “Chachos”, los árboles más ilustres y ancianos del lugar.

Querido Miguel: los Manolos, Pedro, Ángel, Pablo, Andrés y yo te deseamos un feliz viaje y te agradecemos el haber sido una de esas semillas que con orgullo y humildad guardamos en los bolsillos.

Pedro Casamayor Rivas.
Asociación La Almajara de Alhama de Murcia

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