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Y se marchó
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Y se marchó

Cuando uno se ve apartado de la carrera después de haber estado a punto de tocar el triunfo con las yemas de los dedos, suele ocurrir que se quede un poco 'sonado' y que sólo sea con el tiempo que empiece a plantearse si todo lo que hizo, todo lo que sacrificó para ir en pos de él mereció la pena

Conesa afirma hoy que “ha decidido dar un paso al lado” y “renunciar a presidir el PSOE regional”, a pesar de que en septiembre anunciaba que la suya era “la única candidatura que se presentaba”. Todo huele a decisión forzada, por supuesto, a “me voy antes de que me echen”, pero la verdad desnuda es que ha sido desechado por un Pedro Sánchez que jamás sintió la más mínima lealtad por nadie y que hace meses ya que decidió que “ya no le era útil”.

Diego Conesa ha renunciado a mucho durante estos años en los que se ha dedicado a la política de forma intensiva. No solo a descanso o tiempo familiar o personal, como tienen que renunciar en mayor o menor medida todos los que se dedican a la cosa pública. No. Además de a tiempo y energía, para llegar hasta donde ha llegado, para tratar de mantenerse ahí o incluso intentar trepar más arriba, Diego Conesa ha tenido que traicionar a su región no en una sino en múltiples ocasiones.

Diego se va, pero deja tras de sí el legado de haber consentido el que la Región de Murcia se convierta en una isla ferroviaria en los próximos años, de no haber rechistado, e incluso haber intentado justificar los ataques y el cierre progresivo y encubierto del Trasvase Tajo Segura, la complicidad en el estrangulamiento económico a que el gobierno central tiene condenada a la Región, el retraso en la ejecución de infraestructuras esenciales, y, cómo no, el haber ligado todo su crédito político restante a la evolución del estado del Mar Menor, obstaculizando todas las medidas de mejora de la situación que ha estado en su mano obstaculizar (léase, las que corresponden al gobierno central como los dragados de golas, el bombeo de la rambla del Albujón, la retirada del riego a los cultivos ilegales o el permiso para extraer agua del acuífero del Campo de Cartagena) con la esperanza de que un posible colapso de este pudiera salvarle.

Cuando todo esto se le pase un poco, Diego tiene que pensar seriamente si de verdad le han valido la pena tantas alforjas para al final hacer este viaje.
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