En la vida hay ciertos placeres que se disfrutan de una forma especial. Ya sabéis que yo soy más de las Olimpiadas, pero también hemos disfrutado del Mundial.
Y si hay algo que me encanta del deporte es justo esa unión y ese orgullo por la patria y la bandera.
Ese fuego interior que se enciende cuando un jugador celebra un gol señalando el escudo de su camiseta. Un simple gesto que tiene casi 3.000 años de historia y que anoche volvió a convertir el esfuerzo individual en una ofrenda para todos.
Ayer cerramos el Mundial cosiendo la segunda. Ayer cerramos un Mundial de pasión pura y de épica que sólo ocurren cuando sientes que estás defendiendo algo mucho más grande que a ti mismo.
Por eso, hoy y siempre, gritarlo con mucho orgullo: ¡Viva España!