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Cuidado con lo que romantizamos
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Cuidado con lo que romantizamos

Ahora que está tan de moda invocar el espíritu de la Constitución creo que deberíamos predicar con el ejemplo, formar parte de un país es buscar entendimiento, tender puentes, y sobre todo, olvidar los partidismos y luchar por el diálogo social, una cosa que falta mucho en nuestro municipio, sin ir más lejos, pero eso queda para otro artículo

Por Antonio García Martínez

Es curioso con lo que la gente se encapricha, lo que la gente eleva a una posición demasiado alta en nuestra escala de valores. Esta es la reflexión que he conseguido extraer tras ver cómo se difundía de una forma increíble la foto de un rider es decir, un ciclista que hace envíos a domicilio y que sufre la precariedad laboral, descansando y estudiando por la noche, a la luz de una farola.

Rápidamente muchos cibernautas se llenaron la boca de elogios, y tras ellos, de insultos y menosprecios: “¿Por qué todos los jóvenes no pueden ser así?” “Así ponía yo a los ninis” “Eso sí que es esfuerzo y no lo de hoy día”. Y ahora yo pregunto ¿Es exactamente esto lo que queremos? Si lo pensamos detenidamente la vida de este joven ha tenido que ser, o más bien, es un infierno, una persona que no tiene tiempo ni para compaginar estudios y trabajo, que no disfruta del suficiente tiempo libre como para poder estudiar cuando no está trabajando… lo cierto es que no es lo que quiero para ningún ciudadano, ni mucho menos para las generaciones venideras.

No me malinterpreten, yo soy estudiante y a la vez trabajo, ininterrumpidamente, desde los 18 años no he dejado de trabajar nunca, de hecho he tenido dos trabajos al mismo tiempo. Pero no lo hice porque lo necesitase imperiosamente, sino porque preferí costearme yo mis caprichos, mis cursos de hostelería o el carné del coche, porque entendía que mis padres ya habían pagado suficiente, es decir, fue una decisión libre. Y mi planteamiento es tan válido como el estudiante que decida centrarse únicamente en sus estudios. Lo que jamás entenderé es que romanticemos la precariedad y una vida inasumible para los trabajadores.

A la gente le gusta decir la típica frase de “estamos perdiendo los derechos que ganaron nuestros padres”, pero luego vemos bien turnos inacabables de trabajo y horarios que no se pueden conciliar con la vida familiar o personal… a ver si nos aclaramos.

Por otra cosa que le ha dado a la gente últimamente es por romantizar la violencia, les flipa. Unos que romantizan la violencia de la policía, y gritan por redes sociales alentando a que repartan más (incluso tras ver lo injustificado de algunas cargas como fue el caso de Valencia). Otros alientan a los manifestantes, a la violencia gratuita y a difuminar el objetivo y las causas por las que se lucha en una manifestación, muchos de los violentos en estas manifestaciones son de hecho de grupos de extrema derecha (y lo dice la misma policía, ojo).

Muchas personas en estos días se han dedicado a romantizar la violencia todo lo que han podido, pero seamos sinceros, aquellos que prefieren la violencia al entendimiento ¿de verdad quieren a España? ¿De verdad tienen derecho a sentirse españoles?

Ahora que está tan de moda invocar el espíritu de la Constitución creo que deberíamos predicar con el ejemplo, formar parte de un país es buscar entendimiento, tender puentes, y sobre todo, olvidar los partidismos y luchar por el diálogo social, una cosa que falta mucho en nuestro municipio, sin ir más lejos, pero eso queda para otro artículo.

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