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Omertà municipal
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Omertà municipal

La gente tiene miedo, y es normal. “Hay muchos problemas, pero no digas que yo te lo he dicho” es una de las frases más repetidas entre el funcionariado municipal y afines. Caer en desgracia es peligroso

La Omertà, como todos sabemos gracias al cine, es el código de honor siciliano que prohíbe informar sobre las actividades delictivas consideradas de la incumbencia de las personas implicadas. En la cultura de la Mafia, romperla es atenerse a las consecuencias, que suelen incluir la muerte.

Que en el Ayuntamiento de este nuestro pueblo se producen este tipo de prácticas es un secreto a voces. Cuando se denuncian irregularidades, problemas o deficiencias, la primera reacción, en lugar de tratar de arreglar nada es negarlo, buscar al topo, desacreditarle y hacerle la vida imposible de todas las formas que se puedan. Sin salirnos de este año y comentando solo las más sonadas, lo vimos cuando la tomaron con el pobre Bepi a cuenta de los conserjes de las instalaciones deportivas a los que no pagan, y lo hemos visto esta semana con la actuación de la policía local en el desalojo de San Lázaro en el caso Confirmaciones, en la que todo el problema se resume a investigar “dónde ha estado la filtración”.

La gente tiene miedo, y es normal. “Hay muchos problemas, pero no digas que yo te lo he dicho” es una de las frases más repetidas entre el funcionariado municipal y afines. Caer en desgracia es peligroso.

Lo que María denunciaba esta semana en el Facebook sé que no es la primera vez que le pasa en sus pesquisas en los “papeles”, porque cuando se podía le he acompañado más de una vez al Ayuntamiento y he sido testigo de algunas de las dificultades que le han puesto al acceso a la información que debe ser pública y que necesita para hacer su trabajo como concejal. La anterior vez que fue a la piscina, sin ir más lejos, un funcionario hoy jubilado ya, trató de ocultarle irregularidades de la manera más burda.

La Omertá, sin embargo, solo funciona mientras el código de honor se cumple por ambas partes. Olvidarse de que existen líneas rojas que no se deben cruzar si se pretende la lealtad de los subordinados ha sido el fin de las organizaciones más poderosas. Que se lo digan a Buscetta.
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