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No somos capaces de empatizar con quienes peor lo están pasando, seguimos siendo avariciosos

Siempre me ha gustado pensar que las crisis, tal y como afirmaba Einstein (quien escribió sobre mucho más que física), traía progreso, y no solo en los grandes proyectos de la humanidad, sino también a cada uno de los seres humanos, en cada uno de nuestros hogares, algo salía mejor. Y es que a lo que llamamos crisis no es más que experiencia negativa, pero experiencia. Es una pena que a día de hoy estemos viendo como a pesar de vivir otra crisis y de situaciones muy negativas, estemos empeorando como personas. Sí, así como suena, empeorando.

Desde nuestras casas confinados hemos tenido un largo tiempo para reflexionar, para pensar en lo que antes hicimos bien y mal, y lo que podríamos mejorar. Me alegra ver que muchos han decidido cuidar su cuerpo, y ahora hacen más ejercicio o llevan una vida más saludable, otros han decidido cocinar, o han descubierto su nuevo pasatiempo, pero yo me pregunto, ¿alguien ha pensado en cambiar? Lo de que nadie es perfecto lo tenemos muy claro, pero cuando hablamos de respetar las imperfecciones o problemas de otros la cosa se pone turbia… Todos estos meses no han servido, en lo más mínimo, para que nos sentemos a hablar de una maldita vez, por muy distinto que pensemos.

Ahora durante el confinamiento no dejamos de ver, una vez más, situaciones muy duras, en muchas ocasiones derivadas de la crisis económica que se viene. Hambre, miseria, desempleo, etc. No es por ser negativo, es sencillamente ser realista, la economía por desgracia tardará mucho en recuperarse al nivel que teníamos antes. Y sin embargo no somos capaces de empatizar con quienes peor lo están pasando, seguimos siendo avariciosos.

Nos quejamos de las ampliaciones de las terrazas de los bares, cuando estos solo intentan no tener que echar el cierre, se nos llena la boca insultando a quienes vienen de fuera, ya sea a trabajar o de turismo, en lugar de esperar que todo vaya bien y desearle lo mejor. Estamos empeñados en ver conspiraciones y artimañas en lugar de colaborar (en la medida de lo posible), a que esta nueva “normalidad” sea lo mejor posible. Lo triste es que todavía tenemos a algunas personas que siguen negando que la mascarilla evite el contagio, que se alegran con cada muerte para alarmar a los demás y que siguen negando el efecto positivo que ha tenido todo estos del confinamiento para el planeta, un buen ejemplo de estos casos es el presidente de EEUU, Donald Trump, aunque cada vez veo muchos más Trumps pequeñitos a mi alrededor. Si seguimos así no va a merecer la pena volver a la normalidad, confinados estamos mejor.

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