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Cuando la culpa siempre es de otro
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Cuando la culpa siempre es de otro

No hay duda de que cuando cambien las tornas, algo para lo que cada vez falta menos, nos enfrentaremos a un trabajo arduo y difícil si queremos arreglar y mejorar todos los frentes que este gobierno tiene abiertos y abandonados

Por María Cánovas

No sé si se han parado alguna vez a buscar un patrón en las actuaciones de nuestro gobierno municipal. Es fácil no hacerlo, aunque una vez que se ve es difícil dejar de verlo. Yo estaba el otro día en una reunión bastante tensa, y lo vi claro. Vale que hay otros patrones: está el no disponer de un plan a medio o largo plazo ni preocuparse por las consecuencias de lo que se plantea y se hace, la pereza, la negativa a tomar decisiones y el dar “patadas hacia adelante” o que “lo solucione otro”, o la incapacidad de gestión o de trabajo, pero no, debajo de todo eso, en cuanto uno rasca, se da cuenta que hay un patrón común, el convencimiento y la expresión de que la culpa siempre es de otro. Por muy rocambolesca que sea la historia que deban contar y contarse para echar la culpa fuera, siempre es de otro. De ellos no. Ellos no tienen responsabilidad, son como niños, inocentes y puros, incapaces de mancharse con nada, y por lo tanto, incapaces tampoco de mejorar, recapacitar o solucionar ninguno de los problemas que ocurren, puesto que no son su responsabilidad, sino “la de otros”.

Así, el desastroso cambio de sitio del IES Valle de Leiva, no es culpa suya, es culpa de que la gente lo votó. El fracaso del convenio de la empresa que iba a pagar el Pabellón, no fue culpa suya, sino de la empresa, el que se encontraran las galerías de las minas de ocre, algo que “no se podía saber”, el que la empresa no fuera capaz de acabar la obra de ese mismo “Pabellón” con el proyecto que le suministró el Ayuntamiento, culpa de la empresa, que solo quiere ganar más dinero. El que las obras de rehabilitación del Castillo empezaran con años de retraso, culpa de que la obra era “muy complicada”, el que la empresa encargada, un año después de empezar y harta de que la mareen haya pedido paralizar las obras “hasta que el Ayuntamiento se aclaren con lo que quiere y se lo den por escrito”, cosas de la empresa, que quiere ganar más dinero. El que los vecinos del Praico se quejen por la cantidad de meses que lo tienen patas arriba por las obras, una tontería, porque, aunque ellos no se den cuenta “esas obras están acabadas”, y si se quejan por el plan que pretende cerrar el paso de la calle Parricas otra vez e incomunicarles del centro, una prueba de lo antiecológicos que son, que no se dan cuenta que tendrían que ir andando, y que deben asumir su condición de vecinos de segunda o tercera.

Hay más. La culpa de que las aceras y calles estén sucias es de la gente “que es poco cívica”, no de la falta de control sobre las empresas de basuras y limpieza, la del estado de los parques y jardines, de que no llueva nunca a gusto de todos, no de que no exista un buen servicio de jardinería, y la del aumento del vandalismo y la inseguridad, pues de Franco o vaya usted a saber.

No hay duda de que cuando cambien las tornas, algo para lo que cada vez falta menos, nos enfrentaremos a un trabajo arduo y difícil si queremos arreglar y mejorar todos los frentes que este gobierno tiene abiertos y abandonados.

No nos da miedo, lo tenemos previsto y, nosotros sí, asumiremos la responsabilidad.

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