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La última bravuconada de López Miras
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La última bravuconada de López Miras

El PP lleva años ocultando la verdad sobre lo que está pasando en el Mar Menor. López Miras lleva meses sin responder a las preguntas y a las solicitudes de información que le está pidiendo el Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea Regional

Hay días en los que López Miras se viene arriba y nos deleita el oído con alguna de sus soflamas destinadas a calentar los ánimos de sus partidarios. Esta pasada semana, al verse rodeado de los mandamases de su partido llegados desde todos los puntos de España para promocionar a su todavía líder nacional -con permiso de Isabel Ayuso- que no acaba de cuajar, ha sido una de esas ocasiones en las que López Miras seguramente tomó alguna lata de un refresco energético de esos que dan alas. Por ello lanzó ante sus colegas de partido una encendida pedorreta asegurando que él sabe lo que hay que hacer con el Mar Menor, y con los trenes y con todo lo que se menea y lo que no se menea. Solo le faltó decir que hasta sabe cómo apagar el volcán de La Palma y que el gobierno de España tiene que apartarse y dejarle las riendas de todo. Dijo que está dispuesto a arreglar el desastre ecológico que ha provocado en la laguna salada, e incluso fue más lejos y afirmó que está dispuesto a pagar lo que cueste solucionarlo. El tío de los 11.000 millones de deudas. ¡Ahí es nada!

El sermón mitinero de López Miras hace aguas por todas partes, y no precisamente aguas limpias, ni siquiera depuradas, sobre todo si tenemos en cuenta que la situación del Mar Menor es consecuencia directa de la gestión de su partido durante más de un cuarto de siglo en el que han florecido construcciones por todas partes y han proliferado regadíos ilegales, altamente perniciosos para un ecosistema tan delicado como el del entorno de La Manga. Pero lo más curioso del asunto es que para López Miras y su banda, cuando les interesa, son los benefactores de todo lo bueno que pasa en esta Región, pero cuando las cosas van mal no dudan en sacar toda su artillería pesada para asegurar que la culpa la tienen los socialistas que gobiernan en España.

Recuerdo hace unos pocos años cuando el secretario general del PP nacional, Teodoro García Egea, sacaba pecho y alardeaba de que el Mar Menor gozaba de una excelente salud gracias a la gestión de López Miras y su partido. Entonces sí era mérito suyo, pero ahora que han aflorado las consecuencias de su nefasta gestión, resulta que las competencias son de otros.

La realidad es la que es, el Gobierno regional ni siquiera han constituido el Consejo de Participación o el nuevo Comité Científico, que están recogidos en la Ley del Mar Menor. El Partido Popular tiene secuestrada la laguna salada, tiene secuestrada la Asamblea Regional y tiene secuestrada la democracia en la Región de Murcia. Son, con mucha diferencia, el gobierno más ocultista de nuestra historia.

El PP lleva años ocultando la verdad sobre lo que está pasando en el Mar Menor. López Miras lleva meses sin responder a las preguntas y a las solicitudes de información que le está pidiendo el Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea Regional.

Han ocultado la verdad sistemáticamente, e incluso con el episodio de anoxia que vivió la laguna salada el pasado mes de agosto también intentaron convencer a la ciudadanía de que la muerte de peces y crustáceos se debía a un simple y puntual aumento de las temperaturas.

Después de todo ello nos encontramos con esta última bravuconada de López Miras, asegurando que tiene la solución y los dineros para pagar lo que cueste. Lo que no sabemos es de dónde va a sacar el crédito para pagar, sobre todo cuando su gobierno ni siquiera es capaz de afrontar las expropiaciones para arreglar la RM-515, y tiene que salir en su rescate el Ayuntamiento de Alhama para asumir el coste de esas expropiaciones si queremos que se arregle esa carretera. En cuanto a las soluciones que pueda aportar al Mar Menor, mucho me temo que a poco que le dejen suelto es capaz de coger vuelos y en pocos meses enterrar la laguna. Así, muerto el perro, se acabó la rabia. Y de paso sus amigos dispondrán de unas cuantas hectáreas más para seguir construyendo, además las empresas que ahora contaminan dejarían de hacerlo porque ya no quedaría nada para contaminar.
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