Todo apunta a que estas decisiones se están tomando con prisas y pensando en la coyuntura electoral, conscientes de que perdieron las pasadas elecciones por una gestión desastrosa similar. Los vecinos queríamos un nuevo espacio verde pero respetando las plazas de aparcamiento, patrimonio, arbolado, el servicio de nuestro Auditorio y respetando nuestras votaciones.
Tras la moción de censura, han acelerado sus planes con intenciones que no soy yo quien debe fiscalizar; antes o después todo se sabrá. Sin embargo, podemos intentar darle la vuelta a este desastre y convertirlo en una oportunidad. Como dice el refrán, “de algo malo, algo bueno”.
En mi opinión, el espacio liberado por la demolición es, en realidad, idóneo para crear un complejo escénico único en el centro del pueblo.
No existe otro emplazamiento similar en el casco urbano que permita albergar un auditorio cerrado con las condiciones legales, técnicas y de accesibilidad que exige la normativa.
“No podemos permitirnos fallar a los vecinos, no se volverá a dar esta oportunidad”.
Pocos municipios tendrían la posibilidad que ahora se nos presenta: un centro neurálgico con edificios emblemáticos, que facilita la convergencia de actos de ocio, culturales y sociales. Estamos perdiendo para siempre un espacio único; insisto: no se volverá a dar esta oportunidad. Buscando alternativas, María y yo comprobamos que habría que desplazarse lejos para encontrar un emplazamiento comparable, en zonas modernas y poco aptas para integrar con el casco histórico.
Mi propuesta, y la de muchos sería aprovechar la actual parcela para construir un complejo cultural poli-funcional:
Un teatro-auditorio cerrado con todas las condiciones técnicas y de aforo para 900–1.000 localidades.
Un escenario exterior con capacidad para 2.500–3.000 espectadores, que comparta con el interior camerinos, maquinaria escénica, parrillas, iluminación, sonido y demás instalaciones.
De este modo tendríamos un edificio impresionante que cubriera las necesidades tanto del auditorio interior como del exterior, evitando duplicar equipos y costes. Un teatro interior cerrado y una estructura exterior que ofrezca programación al aire libre, con seguridad y control del recinto (no esos espacios abiertos sin infraestructura donde, según parece, pueden incluso cruzar patinetes durante la función).
Lo que está previsto ahora es un simple graderío al aire libre sin infraestructura técnica ni camerinos, en medio de la nada, es insostenible. Un espacio escénico debe contar con camerinos, maquinaria, equipos de elevación de decorados, iluminación y sonido adecuados. Si se pretende duplicar todo eso para dos espacios separados, el coste será altísimo e innecesario.
Es evidente que también hacen falta zonas verdes en el centro. Con poco se podrían mejorar los espacios exteriores. Pero el dinero que tienen previsto gastar en el proyecto actual sería fundamental para ejecutar correctamente este gran complejo cultural. Nos han dejado huérfanos de espacios para exhibir el arte local, afectando a artistas, asociaciones y colectivos.
Espero que quien tenga responsabilidad escuche estas palabras, que nacen de la tristeza pero también de la propuesta constructiva. Si siguen adelante con el plan actual, perdemos todos: patrimonio, oportunidades culturales y una ubicación irrepetible en el corazón de Alhama.
Es mi humilde opinión.