Pero para muchas familias esta realidad no es una fecha señalada en el calendario. Es cada madrugada sin dormir. Cada prueba. Cada espera. Cada diagnóstico incierto. Cada batalla silenciosa.
La inclusión no puede quedarse en palabras bonitas ni en gestos simbólicos. Tiene que sentirse en lo cotidiano.
En mi periodo en la Alcaldía impulsamos proyectos que nacieron de escuchar de verdad:
-El nuevo servicio de Atención Temprana.
-La sala familiar en la piscina municipal.
-Las clases individuales para personas con discapacidad.
-La nueva aula abierta.
-Los encuentros de familias que nos enseñaron tanto.
Detrás de cada uno de estos pasos había historias reales y una convicción profunda: un municipio solo avanza cuando todos podemos avanzar.
Hoy quiero abrazar a esas madres y padres que no se rinden. A esas familias que no necesitan que se ilumine una fuente un día, sino que se ilumine y se luche por ellos todo el año.
Ojalá sigamos recorriendo ese sendero de inclusión real que empezamos hace dos años. Porque la lucha de estas familias es constante. Y nuestra responsabilidad también debería serlo.
Mi respeto infinito y mi compromiso siempre.