Cada vez que se habla de financiación autonómica, el Gobierno de Sánchez repite el mismo eslogan: “hay más dinero que nunca para las comunidades”. Suena bien. Tranquiliza. Parece positivo. El problema es que es mentira.
El dinero no se multiplica solo. No estamos ante el milagro de los panes y los peces. Si a unos les dan más de lo que les corresponde, necesariamente otros reciben menos. Y, una vez más, entre los perjudicados vuelve a estar la Región de Murcia.
Los datos son tozudos. Murcia lleva años siendo, junto con la Comunidad Valenciana, la peor financiada de España. Y con el nuevo modelo que ahora nos presentan seguiremos prácticamente igual: por debajo de la media nacional en recursos por habitante. Es decir, seguiremos teniendo menos dinero que otros territorios para prestar exactamente los mismos servicios.
Y conviene recordar algo que a veces se olvida interesadamente: el 87 % del presupuesto regional se destina a sanidad, educación y servicios sociales. Cuando a Murcia la infrafinancian, no están recortando política. Están recortando médicos, profesores y ayudas sociales.
Por eso sorprende que el PSOE traiga al pleno mociones hablando de financiación municipal como si ese fuera el gran problema. Y nuestra respuesta siempre ha sido la misma: primero financiación justa para la Región, y después hablamos de los ayuntamientos.
Porque si la Comunidad Autónoma es la peor financiada, ¿de dónde va a salir el dinero para repartir a los municipios? No se puede distribuir lo que no se tiene. Prometer lo contrario es, sencillamente, vender humo.
Pero lo más llamativo de esta reforma no es solo que Murcia siga perdiendo. Es el cambio de criterio.
El socialismo siempre ha defendido la equidad: que quien más tiene aporte más y que quien más lo necesita reciba más. Ese era el principio básico de la redistribución.
Ahora nos traen otro concepto: la “ordinalidad”. Traducido al castellano: que los territorios que más aportan no bajen posiciones en el ranking y, por tanto, se queden con más recursos. Es decir, que el rico siga siendo rico. Eso no es redistribuir. Eso no es solidaridad. Eso es blindar privilegios.
Y casualmente, este modelo aparece justo después de los pactos políticos con Cataluña para sostener al Gobierno de Sánchez. Demasiada coincidencia.
Nos dicen que todas las comunidades ganan. Pero si todos ganan, ¿por qué Murcia sigue por debajo de la media? ¿Quién se está llevando la parte grande del pastel? La respuesta la conocemos todos.
Desde el Partido Popular no pedimos privilegios ni tratos de favor. Pedimos algo mucho más sencillo: igualdad. Que un murciano tenga los mismos recursos sanitarios y educativos que cualquier otro español. Ni más, ni menos. Eso es justicia.
Lo demás son titulares, propaganda y acuerdos de despacho que poco tienen que ver con el interés general.
Mientras Murcia siga siendo la última de la fila, no podemos apoyar reformas que consolidan la desigualdad en lugar de corregirla.
Porque más dinero no siempre significa más justicia. Y lo que nuestra Región necesita no son anuncios grandilocuentes, sino un reparto justo de verdad.