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La cartera de Celaá
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La cartera de Celaá

En la universidad tuve un profesor de Botánica que solía decir que solo tenía un consuelo, y era que toda una serie de ministros de Educación se pudrirían en el infierno. Entonces me reía

Dicen que cada ministro de Educación, sea del partido que sea, es costumbre que en la cartera que se le traspasa cuando entra al ministerio, encuentre tres sobres y una nota. La nota le da la bienvenida al cargo y le dice que cuando las cosas se pongan feas y no sepa que hacer, que abra uno de los sobres.

Irremediablemente los ministros acaban teniendo que abrir el primer sobre, en el que encuentran una carta que pone “Échale la culpa de todo a la herencia recibida del gobierno anterior”. Eso, que funciona durante un tiempo, llega un momento en el que no es suficiente, lo que hace que los ministros, indefectiblemente, abran el segundo sobre en el que pone “Dale la vuelta a todo el sistema educativo, baja el nivel y aumenta la burocracia”. Evidentemente, en el tercer sobre pone “Pásale la nota, la cartera y los sobres al ministro siguiente”.

Este chiste, viejo entre maestros y profesores, vuelve a reeditarse con la octava Ley de Educación de la democracia, que ya adelanto que no es mejor que la anterior, que añade problemas a los que ya hay, que propone soluciones, como la de dejar pasar de curso sin límite de suspensos o titular aunque no se aprueben asignaturas, que no son soluciones sino disimulos que no harán sino empeorar aún más el ambiente en los institutos y la falta de respeto por el trabajo que se hace en ellos por parte de aquellos obligados a estar allí, o la de obligar a los niños con necesidades especiales importantes a asistir a los mismos colegios que aquellos que no las tienen (porque sobre el papel tendrán recursos para ocuparse adecuadamente de ellos, pero todos sabemos lo mucho que aguantan los papeles y en qué suelen quedarse estas cosas), que politiza al cuerpo de inspectores de Educación, haciendo que se elijan a dedo y que dependan por tanto del político de turno, que desde luego no ha sido debatida ni consensuada por la comunidad educativa porque se ha tramitado con prisas y prácticamente “de tapadillo”, y, que por supuesto, deja paso franco ya, eliminando cualquier tipo de cortapisa legal para el adoctrinamiento del alumnado en las regiones nacionalistas.

En la universidad tuve un profesor de Botánica que solía decir que solo tenía un consuelo, y era que toda una serie de ministros de Educación se pudrirían en el infierno. Entonces me reía.
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