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La ventana de Overton
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La ventana de Overton

Pocas personas abogan por el capitalismo salvaje y menos aún por la abolición de la propiedad privada y el control estatal de todos los ámbitos del individuo, más bien, la gran mayoría, nos movemos entre las aguas de la socialdemocracia y la democracia cristiana

La ventana de Overton es un concepto que se utiliza para explicar lo que la gente, ante dos extremismos, solía llamar “sensatez” o “sentido común”, el antiguo “ni de derechas ni de izquierdas” o “ni machista ni feminista” que venía a significar “a mi no me vengas con tu chapa”. El caso es que, ante dos posiciones ideológicas extremistas, la gente corriente suele moverse en los medios. Pocas personas abogan por el capitalismo salvaje y menos aún por la abolición de la propiedad privada y el control estatal de todos los ámbitos del individuo, más bien, la gran mayoría, nos movemos entre las aguas de la socialdemocracia y la democracia cristiana, vamos, en el que deben pagarse impuestos y el estado procurar unos servicios mínimos para todos, pero sin que esos impuestos sean confiscatorios ni anulen la iniciativa privada, estando, como siempre, las discusiones en los matices.

El caso es que esa “ventana” de lo “razonable”, que se distingue porque pensar, y sobre todo hablar o escribir fuera de ella es visto como radical, loco o desquiciado porque está “fuera del sentido común”, es modificable, y con ella lo que “la gente”, (ese ser informe que formamos todos cuando nos fundimos en masa socialmente medible) considera “normal, sensato o de sentido común”.

Hay varias maneras de conseguir esto, pero son dos las más importantes. Con la primera estamos todos familiarizados y se puede decir que es la que menos tensiones genera. Me refiero a la manera de cocer una rana viva, que ya se sabe que es más fácil si se mete la rana en la olla y se va calentando poco a poco que si se intenta meter a la rana viva en el agua hirviendo directamente. Al final, a todo se acostumbra uno, ¿no es así?.

La segunda manera aprovecha que esa ventana no es rígida, sino que tiene cierta elasticidad, así que permite estirar de un margen y “agrandarlo” artificialmente, generando una tensión de retroceso en el margen contrario. Si no hay reacción, la ventana se mueve, y si la hay, de alguna manera, el centro, el sentido común, se adelgaza y sufre tensiones generándose crispación.

Ya sé que mis lectores quieren que escriba sobre el derroche de dinero municipal que se va a hacer para cumplir el capricho socialista de derruir La Cubana antes de que exista la posibilidad de que dejen el gobierno, del tipo ese, “Limonchu”, que se dedicaba a soltar noticias manipuladas por la red y a llevar la página de Mariola y de ese mismo parque de la Cubana, que ahora ha montado un periódico digital para hacerlo a gran escala y del resto de anécdotas locales, pero hoy hos dejo un concepto para que rumiéis. Otro día hablaremos del gobierno.

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