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Cuando lo cotidiano desaparece
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Cuando lo cotidiano desaparece

En unos segundos todo lo que creías cierto, real y palpable se desmorona como un castillo de naipes. La salud de nuestros seres queridos es quizá lo más importante que tenemos o por lo menos lo es para mí

Por Eliana Márquez Moreno

Esta última semana ha sido una de las más complicadas de mi vida. Los miembros de mi familia, uno a uno, a excepción de la que escribe, han ido dando positivo por COVID 19.

Podría contar la odisea que supone pasar por esta enfermedad y la desidia monstruosa de la Administración sanitaria autonómica, la incertidumbre de una llamada telefónica para confirmar positivos, el miedo diario y recurrente ante los síntomas y un largo etcétera con el que tengo hasta para escribir un libro.

Pero no. No voy a perder mi tiempo ni el suyo en lo que ya sabemos: la gestión deplorable de quien nos gobierna y la vergüenza que cada día, y con más argumentos, me produce el Partido Popular.

Es curioso cómo funciona la mente humana. Cómo en unos segundos todo lo que creías cierto, real y palpable se desmorona como un castillo de naipes. La salud de nuestros seres queridos es quizá lo más importante que tenemos o por lo menos lo es para mí.

Cuando lo cotidiano, aquello con lo que disfrutamos a diario, desaparece. nuestras vidas se convierten en un caos.

Cuando un simple abrazo, un beso de buenas noches, sentarnos a desayunar, ver todos juntos una película o una simple sobremesa son un imposible o un galimatías de turnos. Todo absolutamente todo es secundario, y deja de tener valor y sentido.

Aún sigo preocupada y me queda otra semana complicada por delante. Pero también es verdad que gracias a que tenemos la pauta completa de vacunación puedo respirar más tranquila. Ahora solo nos queda esperar que todo siga su curso y poco a poco vayan dando negativo.

Mientras escribo, un silencio espantoso inunda mi hábitat natural y oigo el reloj de la cocina, cómo implacable, marca el tic tac de los segundos, que parecen no correr a la misma velocidad de siempre y que va más lento. Será que tal vez faltan las risas de mis hijos por casa deambulando y todo se ha convertido en una espera insoportable.

Confinados y abandonados a nuestra suerte por quien nos gobierna en nuestra comunidad autónoma, repito, gestión bochornosa y deplorable, y espero que esto pase pronto y podamos volver a la “normalidad anormal” en la que nos están obligando a vivir.

Post data: Ánimo a quien lo está pasando y todo mi cariño.

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