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Un ir y venir por túneles cada vez más estrechos

Un ir y venir por túneles cada vez más estrechos

Para pasar un rato con el 'culo apretaico' no es, porque no llega a ser una película de terror

Por José Luis Martínez Águila

Una chica tumbada en medio de una oscura carretera secundaria, un vehículo que se acerca a no mucha velocidad, ella se levanta en el último momento y el conductor la invita a entrar. En el camino se cuentan quienes son, a qué se dedican y en la radio suena el último parte de noticias: se busca a un asesino con una cruz tatuada en su mano y con una descripción física que se asemeja a este conductor. Ella lo mira estupefacta y él frena en seco, lo que hace que la chica se golpee y todo se funda a negro.

En la siguiente escena despierta dentro de una red de túneles con un brazalete con luz y con un cronómetro integrado.

Así empieza 'Meandre' y la primera impresión es el recuerdo a 'Oxigene' y a 'Buried', por lo de encontrar a la protagonista en un espacio reducido y pasarlas canutas.

Toda la película es un ir y venir por túneles, unos más estrechos que otros, con trampas como fuego y trampillas con ácido, con más 'huéspedes' como ella y con alguna sorpresa más.

La tensión va en aumento todo el film, sobre todo en la parte final, pero no llega a alcanzar las cotas que consiguió 'Buried' para mí. Para pasar un rato con el 'culo apretaico' no es, porque no llega a ser una película de terror.

Lo mejor: cuando descubre qué tipo de juego le espera dentro de la red de túneles y su misteriosa duración. Las escenas tipo 'SAW' alguna más gore que otras.

Lo peor: el que llegas al final sin saber quién es el 'organizador' de esta fiesta macabra. Que recuerda a otras películas de este tipo. Al final le hubiera quitado los últimos minutos del epílogo y cuando la veáis ya me daréis la razón.

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