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La importancia de las vacunas
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La importancia de las vacunas

Quienes se niegan a vacunarse por ‘objeción de conciencia’ o guiados por teorías conspirativas están siendo egoístas con el resto. Deben tener en cuenta que si están protegidos no es gracias a contar con un superpoder inmune, sino porque la población a su alrededor sí esta vacunada. Es la única manera de salir de esta situación

Desde que los diferentes países comenzaron a comercializar y administrar la vacuna contra la Covid-19, la población ha estado inmersa en un bombardeo de información sobre la idoneidad de su uso. En muchas ocasiones, bajo la sombra de supuestos intereses económicos, la población se ha visto condicionada a través de una infinidad de mensajes hasta el punto de desconfiar de unos fabricantes frente a otros, perdiéndose por el camino el verdadero objetivo de este proceso.

Me gustaría hacer un breve recorrido por la historia reciente. El 9 de diciembre de 1979, los diecinueve miembros de la Comisión Mundial para la Certificación de la Erradicación de la Viruela firmaron el certificado que acreditó que el mundo estaba libre de esta enfermedad, una de las más graves e infecciosas del mundo. Sólo en el siglo XX acabó con la vida de 300 millones de personas en todo el planeta. Su erradicación -la única lograda en enfermedades humanas hasta ahora- se consiguió a través de un control focalizado, un plan específico, el esfuerzo colectivo de todas las naciones y, lo más importante, la vacunación.

Pero este no es un caso aislado. La gripe, el sarampión, la poliomielitis o el tétanos son solo algunas de las hasta 25 enfermedades contra las que ya existen vacunas desarrolladas que han logrado controlar los efectos de estas patologías y evitar hoy en día cerca de tres millones de muertes cada año. Auténticos muros de contención.

Las vacunas contra el Covid-19 han seguido el mismo desarrollo que el resto: una fase preclínica con estudios in vitro (en laboratorios) e in vivo (en animales), en los que se comprueba la calidad del medicamento, la toxicidad y la resta inmune que produce. Después comienzan los ensayos cínicos en personas voluntarias: la Fase I, donde se comprueba que el fármaco es seguro; la Fase II, en la que se verifica si el fármaco funciona como se esperaba; la Fase III, donde se analizan de forma robusta los aspectos de seguridad y eficacia; y una Fase IV, de estudios de seguimiento y efectos a largo plazo una vez que el medicamento se ha comercializado. Todo ello seguido de una serie de pasos de evaluación y autorización de la vacuna: evaluación por parte de la EMA (Agencia Europea de Medicamentos), evaluación de la Comisión Europea y su autorización, que traerá consigo su comercialización. Pero, ¿y cómo todo este proceso de pasos secuenciales que dura de media entre cuatro y siete años se ha acelerado tanto para la vacuna de la Covid-19?

La respuesta es sencilla. En primer lugar, por el solapamiento de las fases de desarrollo. Éstas se han cumplido escrupulosamente, además de haber ido más rápido. Donde antes había menos de 10.000 voluntarios -y el tiempo que se tardase en reunirlos- ahora se han movilizado recursos para que los ensayos clínicos incluyan entre 30.000 y 40.000 personas, excediendo en mucho al mínimo requerido para autorizar la comercialización de cualquier vacuna. En segundo lugar, el apoyo político e internacional y los miles de millones de financiación pública destinada a la carrera por las vacunas. En tercer lugar y siguiendo la misma carrera, las farmacéuticas han ampliado su capacidad de fabricación y producción a gran escala para facilitar el despliegue de vacunas. En cuarto lugar, los acuerdos preliminares de compra de vacunas. Un medicamento con todas las garantías.

Después de todo lo que han supuesto las vacunas para la humanidad, de poder consultar con un solo click medios oficiales que desmontan los mitos, bulos y miedos acerca de sus beneficios, ¿qué más hay que demostrar? ¿Qué pensarían de nosotros aquellos antepasados que, con una tecnología mucho más rudimentaria y escasa que la nuestra, decidieron vacunarse por el bien común? ¿Cómo estaríamos hoy si se hubiesen negado? ¿Qué sería de nuestra generación ahora?

Quienes se niegan a vacunarse por ‘objeción de conciencia’ o guiados por teorías conspirativas están siendo egoístas con el resto. Deben tener en cuenta que si están protegidos no es gracias a contar con un superpoder inmune, sino porque la población a su alrededor sí esta vacunada. Es la única manera de salir de esta situación.

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