El último programa de RTVE, 'El juicio', intentó plantear una gran pregunta: “¿Está peor la juventud española que antes?”. La respuesta es evidente para cualquiera que viva fuera de los platós ideológicos de la televisión pública: sí, está peor. Mucho peor. Y no por “fragilidad emocional”, ni por “generación de cristal”, como algunos intentan caricaturizar, sino por una realidad económica asfixiante que tiene responsables políticos claros.
En el programa se mencionó un dato demoledor: un joven español debe destinar más del 90% de su salario al alquiler si quiere independizarse solo. La edad media de emancipación supera ya los 30 años. Y mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue instalado en la propaganda, anunciando medidas cosméticas mientras el acceso a la vivienda se convierte en un lujo reservado para unos pocos.
La situación en la Región de Murcia es especialmente preocupante. Durante años, Murcia había sido una de las comunidades donde todavía era posible para una familia trabajadora acceder a una vivienda digna. Hoy, incluso aquí, los precios del alquiler y de compra se disparan mientras los salarios permanecen estancados. Jóvenes con carrera universitaria, con másteres y con empleo, siguen viviendo en casa de sus padres porque emanciparse se ha convertido en una misión imposible.
Y lo más indignante es que esto no ocurre por casualidad. Ocurre porque el Gobierno central ha decidido castigar al propietario, ahuyentar la inversión y generar inseguridad jurídica.
La llamada Ley de Vivienda ha fracasado allí donde se ha aplicado: menos oferta, alquileres más caros y propietarios retirando pisos del mercado. El resultado lo pagan los jóvenes.
Mientras otros países europeos construyen vivienda asequible y favorecen el acceso a la propiedad, en España se demoniza a quien alquila un piso y se multiplica la burocracia. El problema no es que los jóvenes “toleren menos la frustración”, como llegó a insinuarse en el programa. El problema es que toleran salarios bajos, impuestos altos, alquileres imposibles y un mercado laboral precario sostenido por un Gobierno más preocupado por sobrevivir políticamente que por gobernar.
La televisión pública debería servir para informar, no para blanquear el fracaso de las políticas del Ejecutivo. Y sin embargo, muchos ciudadanos perciben cada vez más una clara desconexión entre los discursos oficiales y la realidad.
La juventud española no necesita paternalismo ni debates prefabricados. Necesita empleo estable, vivienda accesible y esperanza.
Necesita un Gobierno que deje de intervenir para destruir mercado y empiece a facilitar oportunidades. Porque ningún país puede avanzar cuando su generación mejor formada vive peor que sus padres.
Y esa es la verdadera sentencia que debería haberse dictado en 'El juicio'.