Política

El sanchismo milenario y la derecha desnortada

Pedro Sánchez tiene una suerte descomunal o practica algún tipo de magia como para conseguir que, en contextos claramente negativos para el PSOE (tras la ristra de elecciones autonómicas de estos meses), aparezca una luz salvadora, que esta vez ha tomado la forma de geopolítica internacional

Carlos Cárdenas Blesa | Miércoles 04 de marzo de 2026


Soy firme creyente de que a la derecha española le ha salido el tiro por la culata en lo que respecta a definir el enemigo político que han venido a denominar sanchismo. Lo que en principio era un hombre de paja capaz de incluir todo lo que criticaban de la gestión del gobierno “socialcomunista”, que tanto pareció ayudar en campañas como la de Ayuso en Madrid de “comunismo o libertad”, ha acabado siendo resignificado por el propio centroizquierda como un caballo de la batalla cultural que vivimos, y uno bastante fuerte.

Tal vez varios motivos lo puedan explicar: las pugnas internas, la dificultad del Partido Popular para mantener un discurso que atraiga a la gente de centro y a la vez que evite que Vox se los coma por la derecha, la falta de liderazgos carismáticos en el PP a nivel estatal, la fuerza de discursos de un cariz neoliberal o prototrumpista como los del ayusismo a nivel autonómico en Madrid… La cuestión no es nada fácil para un partido que aspira a ser representante del centroderecha español, y que sinceramente está a bastante distancia, al menos a día de hoy, en lo que respecta al PSOE a la hora de presentarse como partido de Estado, por mucho que puedan utilizar algunas bazas como los pactos de los socialistas con grupos de izquierdas o nacionalistas (cosa que ellos también han hecho reiteradamente) para mantener el actual gobierno.

Tal vez Sánchez sí que sea un superviviente. O eso, o tiene una suerte descomunal o practica algún tipo de magia como para conseguir que, en contextos claramente negativos para el PSOE (tras la ristra de elecciones autonómicas de estos meses), aparezca una luz salvadora, que esta vez ha tomado la forma de geopolítica internacional. No, debe ser también que, se sea más o menos cercano al PSOE, haya que reconocer que ha jugado muy buenas cartas a la hora de utilizar la inestable situación internacional en la política interior de España. Incluso hay que darle el mérito a Sánchez de que, en la general situación de genuflexión de los líderes europeos hacia el amigo americano, él se posicione con una voz propia que ha conseguido convertir, a nivel retórico, la defensa del orden político liberal occidental en poco menos que algo revolucionario.

Ante ello, la derecha española tiene un grave problema de que carece de una posición clara. No nos equivoquemos, no estamos hablando de la situación a nivel moral o de principios, sino en cuanto a discurso y acción política. En la derecha se ve escasa firmeza, y en el momento en que se rasca tras el españolismo del PP y el súperespañolismo de Vox, se revela, sobre todo en el caso de este último, que hay mucho de retórica de Abascal a caballo reconquistando cual Pelayo Andalucía de los moros, y muy poco de una política española con sentido soberano y europeo: la misma genuflexión ante el amigo americano (cuyo presidente ha amenazado a España por sus legítimas decisiones como país). ¡Si Blas de Lezo o los soldados de Cuba o Filipinas del 98 levantaran la cabeza…!

El PSOE, en cambio, ha leído la coyuntura de manera muy certera. “Tenemos PSOE para rato”, se lee en las redes sociales. Se han hecho memes de Sánchez como líder eterno y se ha hablado del “PSOE de los mil años”. Los diarios (al menos los progresistas) se han hecho eco de todas las noticias internacionales que han destacado la firmeza de Sánchez ante Trump, y Twitter se ha llenado de retuiteos de personalidades de otros países agradeciendo la posición de Sánchez.

Los tiempos se han vuelto tan oscuros, y la alternativa que pudiera provenir de una izquierda que apueste por cambios verdaderamente rupturistas ha quedado tan desactivada, que hoy día defender el multilateralismo liberal por parte del PSOE es equivalente a granjearse los aplausos nacionales e internacionales. Criticar a Sánchez por alejarse del consenso trumpista, o de la connivencia europea con Trump, no les va a servir, pues ha logrado construirse una imagen propia y con influencia a nivel internacional, que incluso ha permitido que otros líderes europeos hayan matizado su postura respecto a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. La gente seguramente vea en él como líder valentía donde en otros gobernantes europeos ve seguidismo triste hacia Estados Unidos.

El PP debe de estar desnortado, pero es el resultado de no tener una postura clara y dejarse llevar según sople el viento. También, por no ser consciente de la historia: por olvidarse del recuerdo de los españoles hacia Irak, las “armas de destrucción masiva” y el “trío de las Azores”, el terrorismo, la guerra sucia en los medios de comunicación y la derrota que sufrió en las elecciones de 2004 Aznar. No nos engañemos, el gobierno de Sánchez no es el Imperio Galáctico, ni la Unión Soviética, es una socialdemocracia europea que incluso para temas como la vivienda se comporta bastante dubitativo a la hora de aplicar políticas intervencionistas que traten de solventar la asfixiante situación. No obstante, el plan de la derecha de convertir el sanchismo en una amenaza para España les ha salido regular tirando a mal, pues han conseguido crear un mito civilizatorio contra la barbarie que vemos día tras día en el mundo, que veremos a ver si no se acaba convirtiendo en una suerte de peronismo a la española que marque nuestra política en la próxima centuria. Óscar Puente se ha puesto en Twitter una foto reivindicando la bandera española, pensemos por qué.

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