Como miembro de la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Alhama, he tenido el honor de participar en la Procesión de la Santa Cena de Jueves Santo, junto al trono del Cristo Madero.
Para aquellos que nunca han sido portatronos es difícil explicar lo que se siente ahí abajo... el peso, el esfuerzo, el silencio, el dolor, la emoción... pero, sobre todo, el orgullo de formar parte de algo tan nuestro.
La Semana Santa no sería posible sin el trabajo y la entrega de cada uno de los portatronos y de los miembros de la hermandad. Esto no va de uno, va de todos, de una gran familia.
Fe, tradición y compañerismo. Ésa es la Semana Santa de Alhama.